Cuando el pasado 19 de abril Kerstin (supuesta nieta del secuestrador) empezó a no soportar más los calambres y cayó en un estado de inconsciencia, su madre rogó a su verdugo, Josef Fritzl, que le llevara al hospital si no quería que muriera la joven. En un momento de lucidez, según palabras de la propia policía, el secuestrador accedió. En el hospital empezó el principio del fin de su doble vida.Los médicos pidieron urgentemente la presencia de la madre de Kerstin (es decir, de Elisabeth Fritzl), que seguía en el zulo, pero al escuchar unos días más tarde por televisión un llamamiento de las autoridades policiales de la localidad para encontrarla, Elisabeth le pidió una vez más a su verdugo que le dejara salir.
Fritzl, su hija y los otros dos hijos que se han criado con su madre en el zulo sin haber visto jamás la luz del día se vieron en el hospital junto a su padre. Fue allí cuando Elisabeth aprovechó una conversación a solas con el médico para empezar a contar los monstruosos detalles de su vida.
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